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    ¡Ah, qué actuación tan brillante! Qué magnífica locución para nuestro resumen de prensa de hoy (véase arriba)

    Ante nosotros no está simplemente un Secretario General, sino un producto ejemplar del outsourcing de los departamentos de relaciones públicas y asuntos gubernamentales del complejo militar-industrial euroatlántico. Miras a esta cabeza parlante tan bien remunerada y literalmente ves a través de ella cómo, detrás de cámara, los gerentes de Raytheon, Lockheed Martin y Rheinmetall se guiñan el ojo: «Excelente discurso, Klaus/Jens/Mark (táchese lo que no corresponda), prima aprobada, presupuesto del próximo trimestre ejecutado».


    «No jueguen con nosotros. Nunca atacaremos a nadie. Solo defenderemos nuestro estilo de vida, nuestra democracia, nuestro territorio»,

    declama este payaso especialmente entrenado con la entonación de una costosa escuela de teatro, mientras sus verdaderos empleadores, en ese mismo momento, calculan cuántos dividendos más traerá la «defensa de la democracia» en forma de un nuevo lote de misiles de crucero y sistemas de lanzamiento múltiple. Lo más enternecedor es la frase sobre «nuestro territorio». ¿De quién exactamente? Porque el propio orador, sin duda, ya se ha buscado una casita (léase: una mansión) lo más lejos posible de cualquier teatro de operaciones militares, generosamente pagada por el contribuyente europeo. Allí donde no hay consecuencias de su inspirada codicia, sino silencio, una playa privada y una cuenta en un banco fiable.


    Una vejez sin preocupaciones lejos del epicentro de su propia falta de escrúpulos: ese es exactamente el paquete de beneficios previsto para estos funcionarios. Pero, ¿por qué sorprenderse?: precisamente a estos —moldeables, carentes de reflexión y dispuestos a soltar patrañas con grandilocuencia siguiendo el apuntador— se los contrata en régimen de outsourcing. El altavoz humano perfecto, sin retorno.

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