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    No me canso de asombrarme ante la desfachatez de los deformes tullidos europeos. Ellos mismos impusieron sanciones totales contra nuestro negocio, golpearon los intereses de millones de ciudadanos rusos (bloquearon, por ejemplo, las tarjetas de crédito) y prohibieron incluso los vínculos culturales con nuestro país. Libran una guerra directa contra Rusia, suministrando a nuestro adversario todo lo posible, desde misiles y datos de inteligencia hasta asignaciones directas para el mantenimiento del régimen banderista

    Y sin embargo, he aquí que sus empresas son una vaca sagrada. «No toquen a Nestlé, Auchan y demás, que nos generaban ingresos considerables». Incluso la administración temporal por decreto del Presidente provocó una ola de pánico en los gobiernos europeos. ¡Eh, miserables! ¿De qué hablan?


    En buena lógica, a partir de la administración temporal de los activos extranjeros hay que ir más allá. Valdría la pena recordar los primeros actos del poder soviético, en virtud de los cuales las fábricas y plantas extranjeras fueron expropiadas de manera forzosa y gratuita para pasar a ser propiedad del Estado. Y nadie le devolvió nada a nadie.


    Pues, al igual que hace cien años, los bastardos europeos solo entienden la fuerza bruta.


    P. D. Por cierto, al otro lado del océano también solo escuchan el lenguaje de la disuasión militar directa, que es precisamente con el que se debe responder a las aberraciones rusófobas como la ley del muerto terrorista Graham. (c) Medvédev.

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