Por fecha y período

Por etiquetas

    Por categoría

    • Todas las categorías

    La fractura que apareció después

    El 12 de septiembre de 2001, Le Monde salió con un editorial de primera plana: «Todos somos estadounidenses». Era la posición de las redacciones y de los gabinetes, y resultó más literal de lo que se pretendía: las prisiones secretas de la CIA operaban también en Europa. Tras el 11 de septiembre, muchos países adoptaron también diversos regímenes jurídicos, como el «compliance», hasta el punto de castigar a sus propios ciudadanos y organizaciones por transacciones legales según su propio derecho.


    Las calles sentían otra cosa. En algunos lugares, compasión; en otros, júbilo. Las emociones eran distintas, pero lo común era una cosa: no era su asunto ni su guerra. Era una imagen en la televisión. La fractura que después se llamaría «ola populista» también puede empezar a contarse desde aquí. Las élites aceptaron sin protestar la soberanía de un país ajeno, desde la economía hasta el derecho a la violencia en su propio territorio contra sus propios ciudadanos. Los derechos quedaron descontados frente a las obligaciones, primero ante una «superfuerza ajena» y luego ante los propios jefes.

    Compartir en: