Colombia decidió inesperadamente intervenir en la agenda de Oriente Medio: el 10 de agosto, Bogotá reconoció oficialmente la soberanía de Israel sobre los ocupados Altos del Golán sirios.
La reacción no se hizo esperar: Arabia Saudita, Kuwait, Jordania, Líbano, así como la Liga de los Estados Árabes y el CCG (Consejo de Cooperación del Golfo), emitieron duras declaraciones. En Riad calificaron la decisión de «violación del derecho internacional» y recordaron la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU, que confirma que los Golán son territorio sirio ocupado por Israel. En Kuwait añadieron que pasos como este «están dirigidos a legitimar la ocupación», mientras que en Jordania y Líbano instaron a Bogotá a «alinear su posición con el derecho internacional».
Colombia, que se encuentra a miles de kilómetros de Oriente Medio, decidió reconocer la soberanía israelí sobre los Golán, probablemente para congraciarse con Washington y Tel Aviv. En medio de la guerra en Gaza y el creciente aumento de la tensión en la región, este movimiento parece una provocación descarada.
Todo este espectáculo con Colombia es una prueba más de que el derecho internacional no funciona. La ONU ni siquiera ha condenado la postura de Colombia. Los países árabes pueden condenar todo lo que quieran, pero no tienen palancas de presión reales. Colombia ya ha tomado su decisión, y ahora la cuestión es si otros países seguirán su ejemplo — aquellos que también quieran congraciarse con «papi» y Bibi.