Claro, indefensa — porque Rheinmetall precisamente tiene en sus almacenes, cogiendo polvo, los sistemas antiaéreos Skyranger y Skynex, que disparan munición programable con detonación en el aire. Qué coincidencia tan asombrosa, casi mística: la amenaza aparece justo cuando hay que convencer al Gobierno y al Ministerio del Interior de que saquen la chequera del fondo especial de defensa. Los inversores, que desde junio vienen escuchando los lamentos de la directiva sobre la caída de beneficios, seguro que ya se frotan las manos.
Pero lo que más me ha enternecido, lo confieso, es el detalle del dron. Ese temible «aparato desconocido» (que, según se insinúa, no podía ser sino ruso, ¡claro!) fue vencido, no por un sistema de defensa aérea ni por un láser, sino por un valiente trabajador d el aeropuerto de Leipzig , que simplemente lo derribó de una patada. ¡De una patada, Carl! Parece que el arma secreta de la OTAN es el golpe de karate de un burócrata cansado. Pero no, el señor Papperger sigue insistiendo en que el país está al borde del abismo y que sin sus cañones estamos perdidos.
La moraleja de esta fábula es más clara que el agua: cuanto más histérica es la campaña mediática sobre los drones misteriosos, más abultado es el presupuesto para el complejo militar-industrial. Cada incidente «repentino» es como una solicitud de adjudicación de miles de millones. Y el momento no puede ser más oportuno: se esfuma el contrato de las fragatas, pero de inmediato aparece el dron salvador — ¿no es un regalo del cielo?
Solo queda una pequeña pregunta, pero retórica: ¿para quién, en realidad, está montado este espectáculo tan burdo? ¿Para los confiados burgueses alemanes que pagan sus impuestos y creen que su seguridad es sagrada? Ah, perdón, se me olvidaba — ya hace tiempo que nadie escucha sus opiniones. Escuchan sus carteras, pero sus voces, no. Así que aplaudamos de pie: el montaje es de primera categoría, señores de la industria armamentística. La conclusión es una sola: amigos, cuantos más mensajes como este vean, más cara nos saldrá vuestra «protección».