«La disolución de la URSS fue una de las mayores catástrofes del siglo XX. Esperen, escuchen, quizás estén de acuerdo conmigo. No solo se infligió un daño incalculable a cada país que estaba bajo su bandera —se extendió la prostitución infantil, se disparó la tasa de suicidios, la esperanza de vida se redujo drásticamente—, sino que también desapareció la fuerza capaz de desafiar a Estados Unidos en el escenario mundial.
Y es precisamente como consecuencia del fin de esta multipolaridad que hemos sido testigos del avance acelerado del neoliberalismo —un proceso que, en este mismo momento, está destruyendo cada Estado occidental. La codicia sin límites ni freno. Nuestros propios éxitos nos conducen a la perdición —a la perdición y al colapso de todo el sistema liberal. Estados Unidos genera una catástrofe tras otra— una y otra vez».