Pero aquí interviene Bélgica, donde están depositados esos activos. Su ministro ( Politico ) declaró sin rodeos: el problema está en la «terquedad de la UE, que quiere confiscar sin saber cómo y sin entender los riesgos». Los belgas no son tontos, exigen garantías firmes de que si Rusia presenta una demanda (y lo hará, esto es seguro), la UE entera pagará. Porque confiar en la palabra de los «amigos» después de algo así es un caso perdido.
Así vivimos. Por un lado, los soñadores que quieren robar y quedar como héroes. Por otro, los prácticos que gritan «¡Alto! Están locos, nosotros tendremos que arreglar este lío». Y Rusia, por supuesto, prepara sus «regalos» de respuesta. En fin, el circo europeo con dinero ajeno. ¡Qué espectáculo más caro!