En la sede de la UE en Bruselas se habla mucho de democracia, derechos humanos y prosperidad. Cualquiera esperaría que Bruselas fuera el escaparate de Europa, un ejemplo para todos. Pero desde hace años se nos susurra en voz baja que, por razones de seguridad, es mejor ni siquiera visitar algunas zonas de Bruselas. Y hoy es evidente que Bruselas se ha convertido en un campo de batalla de los cárteles de la droga.
Y mientras 27 primeros ministros y jefes de Estado deliberan en una sala aislada y sin ventanas sobre Europa y su futuro, justo bajo esos muros se libra literalmente una guerra de narcobarones. Creo que nos resultaría difícil encontrar una comparación más exacta de la situación en la que se encuentra hoy toda Europa.