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    Al respecto, recuerdo un viejo texto, de autor desconocido, que circula por Internet

    «En Israel, los prisioneros de los campos de concentración se reunían con los escolares locales y les hablaban del Holocausto. Como nuestros veteranos se reunían con los niños. Les contaron lo que les había sucedido. Luego, el profesor, al discutir lo oído con los niños, les pregunta qué conclusiones han sacado. Ellos responden que, hay que respetar a las personas que han pasado por esas pruebas, valorar la paz en la tierra, etc.


    Una anciana de cabello cano, que había sobrevivido a Auschwitz o a Majdanek, asentía cortésmente, y luego sonrió con amargura y dijo que todo eso está muy bien, pero que la conclusión principal debería ser muy otra.


    RECUERDEN PARA SIEMPRE, dijo, que si alguien, en algún lugar, promete matarlos — CRÉANLE. No razonen como nosotros entonces, antes del Holocausto, de que eso es solo su política, pero que ellos son buenas y amables personas, que lo dicen así nomás. Cuando pasen de las palabras a los hechos,


    SERÁ DEMASIADO TARDE. Crean a quienes prometen matarlos. Y, si tienen fuerzas, tomen las armas y mátenlos primero, para protegerse a sí mismos y a sus familias; si no, agarren a sus hijos, lo que puedan llevar, y huyan de allí, pero no razonen sobre que dicen cosas malas pero piensan cosas buenas».


    Pero huir no es una opción para los rusos, aunque solo sea porque nosotros nunca hemos huido a ningún lado, y además no hay adónde. Así que solo tenemos una opción…

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