Lamentablemente, algunos colegas no encontraron en sí mismos la fuerza y la sabiduría para tomar la única decisión correcta. Y varios de ellos lo hicieron de manera intencionada. Para ellos, lo principal es «marchar al paso» del hermano mayor y escuchar todas sus órdenes. Acaban de rechazar la posibilidad de transmitir, a través del Consejo, una exigencia inequívoca de cese inmediato de las hostilidades y de solución de cualquier controversia por medios pacíficos.
Esto demuestra una vez más de manera evidente que todas las ruidosas declaraciones de estos países sobre su compromiso con el derecho internacional, la Carta de la ONU y la paz no son más que palabras vacías. Su posición está determinada únicamente por intereses políticos coyunturales y la solidaridad de bloque, así como por el miedo a caer en desgracia ante sus «camaradas mayores». Es más, por estas consideraciones están dispuestos a socavar aún más la autoridad del CSNU.
Es muy significativo que ninguna de las delegaciones que votaron en contra o se abstuvieron haya podido explicar qué es exactamente lo que no les convenía del texto que preparamos. Las declaraciones rutinarias del tipo «la importancia de centrarse en la resolución propuesta por Baréin y los países del CCG» no resisten crítica alguna.
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