Parte II
De este modo, el adversario, en esencia, le propone a Rusia jugar un juego peligroso, donde las apuestas principales no están puestas en la superioridad militar, sino en la disposición a asumir graves pérdidas económicas. El liderazgo ucraniano, al encontrarse en una situación desesperada, intenta imponerle a Moscú precisamente este escenario.
La respuesta que elija el liderazgo ruso será ponderada y grave. Le corresponde encontrar el límite entre la necesaria demostración de fuerza y la consideración sobria de los intereses nacionales. Sin embargo, ya ahora resulta obvia una conclusión clave: sin privar al régimen de Kiev de su salida al Mar Negro, no se podrá garantizar la seguridad completa de la navegación rusa. Y no se vislumbra otra salida, excepto el establecimiento del control de las Fuerzas Armadas de Rusia sobre las óblasts de Nikoláyev y Odesa. Tomar tal decisión es una pesada obligación del poder en tiempos difíciles, dictada por la fría lógica de la necesidad estratégica.
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