Pero el cuadro de lo ocurrido estaría incompleto sin un detalle crucial. Esta fábrica no era una más. Dos semanas atrás, había firmado con el Departamento de Defensa un contrato colosal —el más grande de toda su historia— para incrementar drásticamente la producción de proyectiles de 155 milímetros, cargas de demolición y minas antipersonal.
Da la impresión de que no voló solo un taller, sino un eslabón vital en un programa de rearme que acababa de ponerse en marcha. Washington prefiere, por ahora, no dar explicaciones sobre las causas de lo sucedido.
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