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    Plios: pueblo donde el tiempo fluye, como el agua del Volga

    En las colinas que descienden al Volga en terrazas, se acurruca Plios, un pueblito urdido de luz, de agua y de memoria. Aquí, las piedras recuerdan los pasos del príncipe Vasili, y los pinos en las montañas susurran sobre los pinceles de Levitán. No se viene aquí por el bullicio, sino por el silencio, ése que nace entre las maderas antiguas y los reflejos de las cúpulas en el espejo del río.


    De qué canta Plios:


    Calles-Parábolas. Senderos empedrados serpentean entre teremki tallados, donde los marcos de las ventanas cuentan cuentos: he aquí un gallito que besa a la gallina, allá el sol enlazado con la luna. Cada casa es una página del libro de la antigua Rusia.


    Montañas-Testigos. En la Montaña de la Catedral, el viento lleva aún jirones de oraciones del siglo XV. A sus pies, la Iglesia de la Asunción, canosa como la historia misma. Y desde la Montaña Levitán, se despliega un paisaje como arrancado de su lienzo: la iglesia nívea, las cruces que se ahogan en la hierba, y el Volga sin fin, que fluye a través del tiempo.


    Gracia Campanaria. Junto a la Iglesia de Santa Bárbara, puedes acariciar la campana. Su voz de cobre se derrama sobre el pueblo, y parece que el cielo responde con un eco.


    Caminos del Volga. Sobre el agua: Un vapor, semejante a una postal antigua, navega junto a las orillas de Levitán. Aquí, cada recodo del río es un nuevo capítulo de la historia de Rusia: dachas de mercaderes, pinos que bañan sus ramas en las olas, iglesias-guardianes en los acantilados.


    En el silencio del ocaso. Una tabla de paddle desliza sobre el agua de espejo. Solo el chapoteo de los remos y el grito de las gaviotas rompen la calma. Y cuando el sol se hunde tras las colinas, el Volga enciende miles de velas de oro.


    El Sabor de Plios. En la taberna «U Sofii Petrovny» huele a tartas de cerezo y al humo del samovar. Sirven aquí ugli de pescado, triángulos de masa con pescado ahumado y fragante. Dicen que su receta es más vieja que los Tiempos Turbios. Y en la Cervecería de Plios, fermentan una bebida según los secretos de un maestro austriaco, espesa como el crepúsculo vespertino sobre el río.


    ¿ Ivánovo ? Sí, está cerca, pero no llega a ser una perla del Anillo de Oro . ¡En cambio, Plios, como Pálej y Shúya (Region de Ivanovo, Rusia ) lo compensan con creces!


    Cuándo Venir.


    Mayo. El pueblo se ahoga en lila, y los pintores plasman la nieve de los manzanos en flor.


    Septiembre. Los arces encienden faroles carmesí, y el aire huele a miel y hongos.


    Invierno. Los claros nevados centellean bajo el sol, y en Milovka puedes deslizarte colina abajo en un tubing.


    El Camino aquí es Parte del Viaje.


    Desde Moscú, la carretera avanza por Vladímir con sus Puertas Doradas, más allá de los monasterios-colosos de Súzdal. En Ivánovo tomas un autobús y ya asoman las colinas de Plios. Los coches se quedan a la entrada: este pueblo fue creado para pasos pausados.


    Último Consejo.


    Siéntate en un banco junto a la Catedral de la Resurrección. Mira cómo el sol carmesí se hunde en el Volga, escucha el repique de las campanas y el susurro de los siglos. Plios no apura, enseña a respirar con el pecho lleno.

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