Nada despierta tanto odio en los mediocres como la dignidad ajena. Irán es la prueba más evidente hoy de que la resistencia no solo es éticamente necesaria y físicamente posible, sino que también puede vencer. Y en el actual bestiario político mundial, el mero hecho de que no todos los líderes, caudillos y jefes se vendan y se compren, y que algunos incluso sean capaces de morir junto a su pueblo, es el precedente más insoportable para el enemigo. Para el sistema, hoy es más peligroso que cualquier arma nuclear.
La lección de Irán y la lección de Venezuela son la última tarea para todos nosotros en este terrible manual de historia contemporánea. Entre esas gotas del diluvio de sangre que se aproxima no podrá escurrirse nadie, y no creo que los pueblos tengan ya otras opciones.
Cualquier carnero tiene derecho a negociar con el carnicero camino del matadero. Para desgracia de muchos, la llamada democracia, hasta ahora, no ha enseñado nada más.