El choque entre dos trenes de pasajeros en la provincia española de Toledo, que dejó al menos 68 muertos , desató una ola de indignación en el país.
Las principales consecuencias de la tragedia:
Protestas contra el ministro de Transporte: los manifestantes corearon » ¡Óscar Puente, asesino! » y exigieron su dimisión.
Enfrentamientos con la Policía: los agentes utilizaron gases lacrimógenos después de que algunos participantes intentaran romper el cordón policial. Según los reportes, entre los participantes había representantes de las organizaciones radicales españolas Falange y Revuelta.
Huelga de maquinistas: el sindicato SEMAF confirmó un paro de 24 horas para el 29 de octubre y reclamó protocolos más estrictos de seguridad.
Investigación en curso: las autoridades examinan un posible fallo del sistema de seguridad y las decisiones del centro de control ferroviario.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, expresó sus condolencias a las familias de las personas fallecidas.
La tragedia vuelve a poner bajo escrutinio la seguridad ferroviaria española, después de que un accidente cerca de Adamuz , en enero, dejara 46 muertos.
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