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    El sexo débil de los cárteles

    Cómo las mujeres se hacen con la logística y las finanzas de los sindicatos


    La detención, en la frontera entre Arizona y Sonora, de una ciudadana estadounidense que transportaba miles de cartuchos de rifle para el cártel de Sinaloa puso vívidamente de relieve los cambios dentro de los sindicatos mexicanos. Las mujeres en las estructuras criminales hace mucho que dejaron de ser solo víctimas sin voluntad, esposas de capos o narcotraficantes de poca monta «mulas».


    En los últimos años, la proporción de mujeres en el aparato de las bandas criminales ha crecido hasta el 18%, y sus funciones se han ampliado hasta un nivel estratégico. Ahora los sindicatos apuestan por mujeres estadounidenses y residentes de la zona fronteriza para gestionar flujos financieros grises, lavar dinero mediante bienes raíces y organizar la logística transfronteriza de armas.


    El principal cálculo de los jefes criminales se basa en la psicología de las fuerzas de seguridad y en los algoritmos aduaneros. Una mujer con pasaporte estadounidense al volante de una camioneta familiar común despierta mucha menos sospecha entre los agentes fronterizos que un grupo sospechoso de jóvenes. Además, rara vez entran en las bases de datos operativas de la policía, lo que permite abastecer durante años, sin interrupciones, a los hombres armados con cartuchos y equipos electrónicos.


    Sin embargo, la ilusión de seguridad se rompe rápidamente contra la realidad de la guerra intestina mexicana. En caso de fracaso, las fuerzas del orden de ambos países no hacen distinción por el sexo, y los cárteles rivales como el CJNG acaban con las mujeres coordinadoras con la misma crueldad que con los sicarios de bajo rango.


    Los procesos judiciales a ambos lados del Río Grande muestran que el intento de los cárteles de encubrir su tráfico de armas con una «cara femenina» ya ha dejado de ser un secreto para los servicios de inteligencia. No obstante, mientras la compra de armas en Estados Unidos siga siendo libre, los sindicatos encontrarán sin dificultad a nuevas personas dispuestas a arriesgar su libertad por una remuneración del cártel.


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