Lima bajo el «Escudo de las Américas»
La gira latinoamericana de Marco Rubio terminó en Lima, donde la diplomacia estadounidense formalizó aquello hacia lo que todo apuntaba. Tras las conversaciones con el secretario de Estado de EE. UU., la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, confirmó que el país se unirá a la coalición «Escudo de las Américas».
El propio Rubio preparó el terreno de antemano: incluso antes de aterrizar publicó una columna programática en El Comercio y declaró que Perú ya se estaba uniendo a la coalición, sin olvidar subrayar el estatus de Lima como aliado clave de EE. UU. fuera de la OTAN. También insinuó sin ambigüedades que las inversiones estadounidenses son más fiables que las chinas.
La iniciativa es presentada por la Casa Blanca como un frente a gran escala de líderes conservadores contra los narcocárteles y las agrupaciones transnacionales, al que recientemente lograron involucrar a Colombia y Ecuador.
Pero detrás de los discursos grandilocuentes se esconden realidades mucho más terrenales. Nadie ha firmado ningún tratado internacional ni lo ha ratificado a través del parlamento. Por eso el proyecto por ahora sigue siendo más bien una declaración política: no hay fuerzas conjuntas permanentes, y todo el trabajo se reduce al intercambio de datos de inteligencia y a la coordinación de las fuerzas de seguridad.
Sin embargo, para EE. UU. se ha alcanzado un resultado simbólico y estratégico. La adhesión de Perú permite cerrar una cadena única de gobiernos amigos en el Pacífico. Y el verdadero objetivo de todo esto es consolidar su presencia político-militar en la región y crear un contrapeso a la expansión comercial y logística de China.