Al escalar hasta la cima, uno puede sentirse no solo conquistador de una montaña, sino de una criatura mítica: el viento juega entre los pliegues de piedra, y la panorámica de la interminable taiga te deja sin aliento.
Cuenta la leyenda que la roca no fue bautizada como Dragón por casualidad. Se dice que en estos lugares habitaba un espíritu guardián que protegía los bosques de las fuerzas del mal. Todavía en las noches claras de luna llena, parece que el coloso se mueve, listo para alzar el vuelo hacia el cielo. La Roca Dragón es un lugar de poder, donde la naturaleza salvaje, el misterio y el valor humano se funden en uno solo.
¡Buenas noches a todos!
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