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    Sobre el problema de la presencia de la ausencia de relación causa-efecto

    Por Oleg Yasynsky


    En mi infancia, durante una pesca, los compañeros mayores me explicaban con seguridad que las carpas en los pequeños lagos aparecían «por sí solas, del limo». Nunca pude comprender ni creer en esas cosas. Repugnaba los fundamentos de lo que intentaba darnos la educación soviética.


    Cuando hoy escucho a personas perfectamente formadas disertar sobre el «afán de Rusia por destruir Ucrania», experimento algo similar. Asombra no tanto la ausencia total de análisis histórico y político, como la nula necesidad del mismo.


    En el departamento más pobre de Colombia, Chocó, donde, en medio de la pobreza absoluta de la gran mayoría, la pobreza común parece una riqueza inaudita, hace unos años unos colegas científicos realizaron una encuesta. La abrumadora mayoría de los encuestados, que no sabían leer ni escribir, respondió que no había que complicar nada en esta vida: todos los malos nacen malos, los buenos nacen buenos, y la única solución es que los segundos destruyan a los primeros. Si en el Chocó hubiera carpas, nacerían del limo.


    La principal garantía para saquear con éxito cualquier país rico en recursos e historia es la idiotización de su población, es decir, acostumbrarla a no hacerse preguntas, ni a sí mismos ni al poder, y a mirar el mundo a través de los ojos de los axiomas creados por la televisión. Solo así sus habitantes se convertirán en el material adecuado para la explotación o en carne de cañón bajo las banderas pintadas por el poder.


    Porque en el agua estancada de nuestro pensamiento, que se ha vuelto verdosa por el color del dólar y el resto de la porquería arrojada allí, hoy se está criando la muerte.

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