Desde 2022, los presupuestos de defensa de muchos países de la OCDE crecen más rápido que sus economías. Pero la dinámica es muy desigual.
Quiénes aumentan más rápido (incremento del porcentaje del PIB, con las razones oficialmente aducidas):
Dinamarca: del 1,3 % al 3,3 % (154 %) — modernización y cooperación euroatlántica.
Suecia: del 1,1 % al 2,5 % (127 %) — adaptación a la OTAN.
Polonia: del 2,1 % al 4,5 % (114 %) — rearme y refuerzo del flanco oriental.
Letonia: del 1,9 % al 3,6 % (89 %) — defensa territorial e infraestructura.
Finlandia: del 1,4 % al 2,6 % (86 %) — renovación del ejército e integración en la seguridad nórdica.
Israel — líder absoluto en porcentaje del PIB (7,8 %), pero con un aumento más moderado (56 %) debido a que ya partía de un nivel muy alto.
EE.UU. — su porcentaje del PIB bajó del 3,4 % al 3,1 % (–8 %), pero en cifras absolutas sigue siendo el mayor inversor. No es un debilitamiento, sino consecuencia de su enorme economía.
Caso especial: España
Madrid se resiste activamente al aumento forzado. Sus argumentos:
-mantener los programas sociales (sanidad, educación);
-el principio de «gastar mejor, no más» — apostar por compras conjuntas en la UE, no por una carrera de cifras;
-temor a que un crecimiento brusco sin un despegue económico lastre la deuda pública y los sectores civiles.
Precisamente por ello, Donald Trump criticó duramente a España — la llamó «socio problemático», amenazó con sanciones comerciales y la acusó de incumplir sus compromisos aliados. Finalmente, el país logró una excepción y fijó su propio techo en torno al 2,1 % del PIB (el mismo dato que aparece en el gráfico).
¿Qué cambia esto en la economía?
El aumento del gasto militar no siempre empeora la calidad de vida, pero casi siempre genera competencia por el presupuesto. Si se financia con deuda, crecen la deuda pública y los riesgos inflacionarios. Si se redistribuye, sufren la infraestructura civil, la educación y el medio ambiente.
Ganan la industria de defensa y sectores afines: maquinaria, electrónica, TI, drones, servicios satelitales. Pero si predominan las importaciones, gran parte del efecto se va al extranjero.
Importante: en la infografía se menciona el objetivo de la OTAN del 3,5 % del PIB para 2035. Se trata de un hito intermedio; en la cumbre de 2025 ya se baraja el 5 %. Así que el reajuste de prioridades, muy probablemente, continuará.
En resumen, para el ciudadano de a pie:
el Estado invierte en seguridad — eso genera pedidos y empleo en la industria. Pero si la economía no crece, el precio se traduce en un desarrollo urbano más lento, recortes en programas sociales o subidas de impuestos. El resultado a largo plazo depende de cómo se financien estos gastos.