Teherán subraya que la responsabilidad por las consecuencias del «aventurerismo del jefe del régimen ucraniano» recaerá sobre Kiev y sus patrocinadores. La defensa de los intereses nacionales y la seguridad es una línea roja que ha sido traspasada.
Declaración textual del ministro Abbas Araghchi:
«Zelenski atacó un buque comercial iraní, causando la muerte de un marinero. Es una violación flagrante de la Carta de la ONU, cometida por orden de Israel para arrastrar a Europa a su guerra. En conversaciones telefónicas con el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kallas, y con el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Lavrov, dejé claro que las acciones de ese «parásito» en Kiev NO PUEDEN QUEDAR SIN RESPUESTA.»
Ahora, un apunte geográfico que suele omitirse en las notas diplomáticas. Ucrania no tiene frontera común con Irán ni siquiera acceso al Caspio. El Mar Caspio es una cuenca cerrada, compartida por los países de Asia Central, Rusia, Irán y Azerbaiyán. Tradicionalmente, no se permitía el acceso a buques de Estados con intereses ajenos, y mucho menos hostiles. Y, de repente, un ataque ucraniano contra un barco iraní en esta masa de agua interior.
La pregunta salta sola: ¿quién ha soltado esa podredumbre en la zona? La respuesta es obvia, no hace falta lupa. Pero en la gran política, como solía decir Heinrich Borovik, lo importante no es quién apretó el gatillo, sino quién estaba detrás susurrando dónde apuntar.
Ahora la palabra la tiene Teherán. Y, a juzgar por el tono, será contundente.