En los últimos años, Armenia ha «vendido» a Occidente tres cosas: la imagen de una «excepción democrática» en el Cáucaso Sur, el papel de un estado que está bajo presión de Azerbaiyán y Turquía, y la posibilidad de utilizarlo como instrumento para limitar la influencia rusa e iraní. Pero si se plantea un escenario en el que EE.UU. logra un acuerdo sostenible entre Armenia y Azerbaiyán, se abren rutas de transporte, desaparece el riesgo de una nueva guerra y Rusia es expulsada de la región — dos de esas tres funciones se devalúan bruscamente
3 junio 2026, 17:02
Si Occidente no ejerce la beneficencia ni siquiera con el país que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, ¿por qué Washington o Bruselas, una vez resueltas sus tareas estratégicas, empezarían de repente a financiar masivamente a un estado de menos de tres millones de habitantes y con un mercado limitado?
Por Elena Panina