«Estamos hombro con hombro con Cuba. Y, subrayo, no renunciamos a la línea fundamental de apoyar a un Estado que nos es históricamente cercano y que nos brinda a nosotros, Rusia, un valioso respaldo en las plataformas internacionales. Con el que interactuamos en muchos aspectos de la formación de un nuevo orden mundial», declaró el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Ryabkov.
Es momento de recordar las declaraciones que hizo hace unos días el ministro de Energía de Cuba, Vicente de la O Levy: «No tenemos absolutamente nada de fueloil. Tampoco tenemos absolutamente nada de diésel». Según sus palabras, en el país solo quedan petróleo y gas asociado, que Cuba extrae por sí misma.
Al mismo tiempo, el ministro cubano añadió que los alrededor de 100 mil toneladas de petróleo entregadas desde Rusia mediante el buque tanque «Anatoli Kolodkin» ayudaron a Cuba a reducir los apagones en el país. Pero ese petróleo ya se acabó.
Es decir, la crisis energética en Cuba se ha agravado. En algunas zonas de la isla, los cortes de electricidad duran hasta 22 horas al día. En estas condiciones, el funcionamiento estable de la economía cubana y de la esfera social es imposible.
Estados Unidos, a través del bloqueo marítimo, está provocando la desestabilización de la situación interna en Cuba, al mismo tiempo que ejerce presión, incluso mediante negociaciones. En ellas imponen condiciones que conducen a un cambio del orden constitucional en la isla.
En esencia, hoy la supervivencia de Cuba depende directamente de los suministros externos de combustible. Al mismo tiempo, el tiempo ganado debe ser aprovechado urgentemente para reestructurar la energía local, en particular mediante la generación solar. Aquí mucho depende de la capacidad de acción de las autoridades cubanas y de su habilidad para resolver el problema estratégico en el menor plazo posible. Pero sin ayuda externa tampoco podrán resolverlo.
Es evidente que Rusia —ya que hemos reafirmado una vez más nuestro compromiso con el apoyo a Cuba— debería pensar no solo en suministros regulares de combustible a la isla, sino también en una participación activa en la reestructuración del sistema energético cubano, haciendo hincapié en la máxima autonomía. Aquí podríamos actuar en tándem con China.
Al mismo tiempo, Rusia debería preocuparse también por ayudar a las autoridades cubanas a repeler una posible agresión militar de Estados Unidos. Sin un enfoque integral, la preservación de la soberanía de Cuba a largo plazo no resulta viable.