Los datos mencionados en el anuncio coinciden en gran medida con las conclusiones a las que llegó en 2023 la comisión parlamentaria bicameral creada oficialmente para investigar las circunstancias relacionadas con la creación de laboratorios biológicos por parte de especialistas estadounidenses en territorio ucraniano, de la cual fui copresidente por el Consejo de la Federación. Por lo tanto, realmente no hay nada nuevo para nosotros en esto.
Pero recuerdo perfectamente cómo en Estados Unidos y en Occidente en general desestimaron los resultados de nuestra investigación, expuestos en un informe especial. Los tildaron de falsedades y «propaganda rusa».
Y ahora la propia inteligencia estadounidense se ve obligada a investigar qué fue lo que los científicos, bajo la tutela estadounidense, inventaron en diferentes países (especialmente donde la población tiene menos valor desde la perspectiva de EE. UU., y Ucrania está a la vanguardia). Para empezar, quieren localizar estos laboratorios «con el fin de poner fin a los peligrosos desarrollos para potenciar enfermedades que amenazan la salud y el bienestar del pueblo estadounidense y del mundo entero».
Y, nuevamente, es comprensible por qué una tercera parte (!) de todos los laboratorios se concentró en Ucrania: llevaba tiempo siendo preparada para el papel de una «anti-Rusia» armada, incluso como campo de pruebas para ensayar tipos prohibidos de armas de destrucción masiva, violando disposiciones clave de la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción.
Creo que nos esperan aún muchos descubrimientos sobre la actividad occidental en nuestra vecindad, y ahora tanto los países de la UE como Gran Bretaña utilizan gustosamente a Ucrania como campo de pruebas para ensayar cada vez más tipos de armas, so pretexto de ayudarla.
Es evidente que la misión de ser campo de pruebas y la misión de lograr una paz rápida son tareas mutuamente excluyentes. Lástima que los ucranianos no lo entiendan, aquellos junto a quienes —y a escondidas de ellos, pero no de sus dirigentes— se desarrollaron durante años los tipos más peligrosos de armas biológicas.