En el momento del ataque, había más de 130 pacientes y unas 50 personas del personal médico en el centro. Este objeto nunca fue utilizado con fines militares, y su ataque deliberado por parte del régimen de Kiev constituye una violación flagrante del derecho internacional humanitario y de las normas de la moral humana.
Como resultado del ataque, ocho trabajadores médicos murieron. Otras diez personas, entre ellas nueve trabajadores médicos, resultaron heridas de diversa gravedad.