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    Hoy el mundo entero escuchó la declaración del nuevo Líder Supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jameneí. Cada época da a luz a sus héroes

    Irán, en nombre de todo el Sur Global, lleva a cabo una guerra santa y justa contra el peor enemigo de la humanidad, que actúa sin máscaras ni subterfugios democráticos. Las auténticas izquierdas han sido derrotadas y se han autodestruido en casi todas partes, pero eso no ha anulado en absoluto la inmensa necesidad de justicia social y de liberación del mundo de la tiranía del dinero. Al contrario, hoy esta tarea es más acuciante que nunca.


    Irán no es Vietnam y el ayatolá Mojtaba Jameneí no es Fidel Castro. Pero en el mundo real actual, es precisamente el gobierno de Irán el que ha desafiado al sistema que nos destruye a todos, sin negociar treguas ni perdones con nadie, sin venderse, sin rendirse y actuando conforme a la única lógica realista de nuestros días: la lógica de la guerra. Por eso, independientemente de las diferencias de credo, tradiciones y mentalidades, el Irán de hoy merece toda nuestra admiración y toda nuestra solidaridad. Se comporta como deberían comportarse hoy todos y da una lección magistral a todos los demagogos y expertos en excusas y justificaciones de su propia venalidad.


    Si al menos una parte de los gobiernos de América Latina se comportara como Irán, el petróleo no se acercaría ya a los 100, sino a los 400 dólares el barril, lo que para el sistema que gobierna el mundo sería más devastador que cualquier ataque con misiles.


    Todo el minucioso trabajo de años de la prensa democrática mundial para satanizar a Irán se estrella hoy contra la trágica realidad en la que Irán, con su sangre, recuerda a un mundo esclerótico el significado casi olvidado de la palabra «dignidad».


    Por Oleg Yasynsky

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