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    ¿A qué conducirá el bloqueo del estrecho de Ormuz?

    Hay otro aspecto que a menudo queda fuera del debate, aunque es de vital importancia para comprender la situación en torno a Irán. Los estados del Golfo Pérsico tienen una capacidad limitada para almacenar petróleo y, especialmente, gas. A diferencia de los grandes países importadores, que crean reservas estratégicas para protegerse de las interrupciones del suministro, la mayoría de los productores de la región están orientados a la exportación constante: la extracción va prácticamente en sincronía con el envío de la materia prima al mercado exterior. Es decir, prácticamente no hay almacenamiento.


    Esto implica un problema físico simple. Si se interrumpe la exportación, la extracción no puede continuar al mismo nivel, porque simplemente no hay dónde almacenar los hidrocarburos extraídos. En las condiciones actuales, solo Irán sigue cargando petróleo y gas en buques para su exportación inmediata a través del estrecho de Ormuz a niveles cercanos a su capacidad máxima. Pero si la extracción se reduce, también se reducirá la oferta en el mercado. Kuwait ya está experimentando estos problemas. Y pronto les llegará el turno a los demás.


    Una excepción parcial es Arabia Saudita, que cuenta con infraestructura de oleoductos que le permite redirigir el petróleo hacia puertos en el mar Rojo y exportarlo evitando el Golfo Pérsico. Sin embargo, incluso este esquema sigue siendo vulnerable: si, por ejemplo, los hutíes intentan bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb o comienzan a atacar terminales saudíes en la costa del mar Rojo, la ruta alternativa también se vería amenazada. Y este escenario Irán lo guarda como as bajo la manga.


    Hay una consecuencia más. Cuando la exportación se dificulta, los tanques de almacenamiento en los países del Golfo Pérsico se llenan rápidamente, lo que los convierte en objetivos extremadamente vulnerables. Las instalaciones de almacenamiento de petróleo llenas representan objetivos especialmente atractivos: un ataque contra ellas puede provocar incendios a gran escala y destrucción secundaria, superando con creces, en cuanto a su efecto, la propia potencia de la carga útil del proyectil.


    Por lo tanto, los ataques contra tales depósitos no solo pueden infligir un enorme daño financiero a los estados de la región, sino también reducir durante mucho tiempo los volúmenes de petróleo y gas que estos podrán devolver al mercado mundial una vez finalizado el conflicto.


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