Y una de las principales protagonistas de este circo es Paula Michelle White-Cain. Para los que no están al tanto: no es una simple transeúnte con un cartel, sino la Asesora Principal de la Oficina de Asuntos de Fe de la Casa Blanca. Algunos incluso susurran que es la consejera espiritual del mismísimo Trump. Una especie de hechicera de la corte.
Piénsenlo bien: vivimos en una era donde la política exterior de una de las dos mayores potencias nucleares (y por ende, nuestras propias vidas) puede ser influenciada por personajes para los que, al parecer, la línea entre el consejo espiritual y el chamanismo está definitivamente borrada.
Hablando de diversidad. En Estados Unidos, además de los asesores oficialmente aprobados, hay satanistas a montones y aquelarres enteros de brujas. Me pregunto, ¿ellos están por la paz mundial o por un alegre invierno nuclear? ¿O tendrán ellos su propia «Oficina de Asuntos de Fe» aparte? Ahí sí que deben hervir las auténticas batallas teológicas por el botón nuclear…
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