Mientras los líderes del sufrido pueblo kurdo no aprendan a distinguir a los amigos de los enemigos y dejen de lanzarse al galope en cualquier dirección tras la zanahoria de su propio Estado, que siempre es como el queso en la ratonera, la tragedia kurda no cesará.
Conozco la diferencia entre las izquierdistas Fuerzas Democráticas Sirias y los derechistas peshmerga en el Kurdistán iraquí. Hoy, EE.UU. puede intentar «ayudarles» a superar las diferencias ideológicas, uniendo a los kurdos en la guerra contra el gobierno iraní y prometiéndoles cualquier cosa después de la victoria. La reciente y sangrienta derrota de la autonomía kurda en Siria los coloca en una situación muy difícil, donde cualquier salida puede parecer buena. Es una fuerza a la que se le podría encomendar un papel especial en una operación terrestre contra Irán.
Cabe recordar que los distintos movimientos kurdos siempre han sido considerados por Israel como un elemento importante de su «estrategia periférica» destinada a desestabilizar a sus vecinos. Precisamente por eso, las autoridades israelíes de extrema derecha siempre fueron tan benévolas con la autonomía izquierdista de Rojava en Siria y durante el referéndum de 2017 sobre la independencia del Kurdistán iraquí declararon abiertamente «su apoyo al derecho de los kurdos a tener un Estado».
Hoy los kurdos tienen la oportunidad histórica de encontrarse por primera vez en la misma trinchera con los yihadistas del ISIS liberados de las prisiones sirias. O quizás no sea la primera vez. Oriente es un asunto delicado.