Fue retirado del frente antes de concluir la Gran Guerra Patria, para instruir a nuevos francotiradores y para preservarle la vida, dada la “cacería” a la que era asediado por los francotiradores
Durante su etapa activa y en las clases a sus alumnos sostenía que un buen francotirador debía hacer un disparo y contar un muerto, haciéndose célebre su frase: Un disparo: un muerto.