La taiga se extiende sin fin ni horizonte: poderosos abetos, pinos y alerces se alzan, envueltos en gorros de nieve.
Los ríos en invierno se transforman en anchos caminos helados. Corrientes poderosas, como el Yeniséi, el Obi o el Lena, son aprisionadas por un grueso hielo.
Entre las ciudades y los asentamientos se prolongan largas rutas, que a veces se pierden en la bruma nevada.
¡Buenas noches a todos!
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