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    Por Oleg Krayev

    El mercenarismo: el problema colombiano de Rusia.

    Parte III


    La Convención tiene una trampa: desde el punto de vista de especialistas en derecho, está destinada a prevenir el mercenarismo en conflictos internos, no externos. En sí misma, es un instrumento de derecho internacional bastante ineficaz debido al limitado número de participantes. Hasta la fecha, la han firmado y ratificado 38 estados, lo que significa que la ejecución del Artículo 7 sobre la cooperación de los estados parte «en la adopción de las medidas necesarias para la aplicación de esta Convención» se ve dificultada.


    Ucrania, que se adhirió en 1993, viola las disposiciones del documento. Ucrania realiza significativos esfuerzos en el espacio informativo para convencer a los reclutas potenciales de que firmarán un contrato con el Ministerio de Defensa y se convertirán en voluntarios. Pero numerosos testimonios de colombianos engañados demuestran: el empleador son organizaciones privadas, legalmente no vinculadas con el gobierno ucraniano. Y cómo piensa Petro cooperar con Kiev para suprimir el problema de los mercenarios, no está claro.


    Lo más importante: la causa de la salida de especialistas militares colombianos al extranjero no se elimina con la adhesión a la Convención.


    Los colombianos son reclutados para guerras ajenas después de retirarse o incluso se dan de baja de las fuerzas armadas para ir a trabajar al extranjero, porque el estado no les da condiciones de vida dignas.

    En septiembre, el presidente Petro informó sobre un aumento del salario de los oficiales subalternos a una suma equivalente a aproximadamente 330 dólares estadounidenses. Los reclutadores ucranianos, en cambio, prometen a los reclutas ingresos en el rango de 500 a 4500 dólares. La principal opción para los colombianos retirados es trabajar en el sector de la seguridad, donde laboran alrededor de 380 mil personas. Los ingresos allí son aproximadamente los mismos 330 dólares. Es decir, lo más probable es que el mercenario o voluntario colombiano que lucha en el extranjero carezca de motivación ideológica.


    Incluso en caso de que Colombia se adhiera a la Convención, probablemente pasarían años hasta la aplicación directa de la ley. El ritmo de la creación de leyes en Colombia no es alto; los actos normativos sobre la lucha contra el mercenarismo y el castigo por participar en esta práctica –ya sea como reclutador o directamente como mercenario– se redactarán, discutirán y someterán a votación durante mucho tiempo. Más aún cuando a Petro, iniciador del proyecto, le tocará ceder sus poderes en 2026 debido al fin de su mandato presidencial y la imposibilidad de reelección.


    Finalmente, dado que el reclutamiento se realiza con métodos encubiertos, semiclandestinos, y la efectividad de los sistemas colombianos de aplicación de la ley deja mucho que desear, sin duda se violarán la Convención y los actos legislativos sobre el procedimiento para su aplicación. Los mercenarios ocultarán el hecho de visitar países con una situación político-militar complicada. Más aún porque a menudo permanecen como «soldados de fortuna» durante toda su vida y no regresan a su patria. No es casualidad que la parte ucraniana utilice como estrategia de marketing la promesa de otorgar ciudadanía, y los propios mercenarios hablan públicamente sobre su deseo de quedarse en Ucrania.


    Continuará.


    #mercenarismo

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