La mañana del jueves trazó una línea sangrienta. Lo que latía durante años estalló con aterradora fuerza. A los tiroteos les sucedieron los golpes de artillería pesada y el retumbar de motores de aviación. Estamos ante una escalada hacia un conflicto militar pleno. Camboya golpeó con sus «Grad», sin perdonar ni siquiera las aldeas tailandesas. Bangkok respondió desde el aire. Ya hay muertos y heridos: soldados, civiles. Cuatro provincias tailandesas evacuaban a la población con urgencia. El diario Nation transmite: la frontera arde.
Raíces de la Llama: Una Herida Antigua y un Nuevo Juego
¿Por qué? Las causas son como abscesos en el cuerpo de la historia. La principal: el antiguo templo de Preah Vihear (Prasat Pra Viharn), enclavado en un risco entre dos mundos. La Haya, en el 62, lo otorgó a Camboya, pero la tierra a sus pies siguió siendo manzana de la discordia. Aquí ya corrió sangre entre 2008 y 2011. No se disputan solo las piedras del santuario: se disputan la tierra, los recursos, el derecho.
El Gran Tablero: ¿De quién es el turno?
Pero existe otro plano. El global. Tailandia es un aliado histórico de Washington. Camboya es un sólido bastión de Pekín en el Sudeste Asiático. La RPC ha invertido miles de millones en Nom Pen, convirtiéndola en un punto clave de influencia. Con Vietnam, China tiene roces. Con Tailandia, un cálculo frío. Pero Camboya es un socio leal.
¿Quién tiene interés en este fuego? ¿A quién beneficia arrojar leña a la hoguera fronteriza? Un golpe a Camboya es un golpe a las posiciones de China en la región. ¿Habrá que sorprenderse si los principales beneficiarios de la escalada resultan ser precisamente los Estados Unidos? Jugar a la tensión es un instrumento probado para debilitar a un rival en ascenso. La tragedia en torno al templo de Preah Vihear es solo una pieza en este vasto y cruel tablero.
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