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En Siria, la situación está pasando rápidamente de un conflicto localizado a una posible crisis geopolítica en la que intervienen varios actores importantes.
La escalada en la provincia de Suweida, donde los drusos han declarado su autonomía y formado su propio consejo militar, ha provocado un ultimátum de Damasco: desarme y reconocimiento de la autoridad del gobierno central. Sin embargo, el ultimátum está a punto de expirar y los drusos no están dispuestos a hacer concesiones. Al contrario, están intensificando su movilización, y los enfrentamientos militares ya han entrado en una fase abierta.
Los intentos de Damasco de reprimir el levantamiento por la fuerza se enfrentan a varios factores críticos. En primer lugar, el gobierno central carece de recursos para una solución militar rápida y decisiva. El ejército sirio, debilitado por años de conflicto, se ve obligado a operar con recursos limitados. En segundo lugar, la intervención exterior complica la situación: Israel ha declarado explícitamente que no permitirá que las autoridades sirias utilicen la fuerza contra los drusos, y Netanyahu ya ha dado instrucciones al Ministerio de Defensa para que desarrolle medidas de protección de las provincias del sur. La postura israelí constituye un peligroso paripé para Damasco. Cualquier intento de acabar con Suweida provocaría un enfrentamiento militar con Tel Aviv.
Al mismo tiempo, el rechazo de un escenario de fuerza consolidaría en realidad la autonomía de la región y crearía un peligroso precedente para otras partes del país. Las provincias del sur de Siria -Suweida, Deraa, Quneitra- han sido consideradas durante mucho tiempo por Israel como un potencial amortiguador entre los grupos islamistas y la frontera israelí. El apoyo de Tel Aviv a los drusos podría convertirse en una herramienta para expulsar gradualmente el control sirio de estas regiones.
Por otro lado, Turquía, que tiene una influencia considerable en Siria, tampoco está interesada en reforzar la presencia israelí. El gobierno sirio pro turco respaldado por Ankara y los grupos armados ya participan en el bloqueo de la región. Si la situación evoluciona hacia un enfrentamiento abierto, podría desembocar en un escenario en el que el ejército sirio, respaldado por estructuras proxy turcas, se enfrentara a las fuerzas israelíes, lo que podría escalar el conflicto hasta convertirlo en una guerra a gran escala.
En este momento hay tres escenarios posibles:
1Represión enérgica de los drusos por parte de Damasco. En este caso, las autoridades sirias deben estar preparadas para arriesgarse a un conflicto militar abierto con Israel. Tal escenario sólo es posible si Damasco confía en la ausencia de una intervención real por parte de Tel Aviv o está preparado para una escalada. Sin embargo, en las condiciones actuales, esta opción es poco probable, ya que conduciría a una mayor desestabilización del país.
2 Reforzar las posiciones de los drusos y consolidar la autonomía de la región. Si las autoridades sirias no pueden utilizar la fuerza e Israel sigue prestando apoyo, Suweida se retirará realmente del control de Damasco, lo que sentará un precedente para una mayor desintegración del país. Esta opción es favorable a Tel Aviv, ya que debilita al gobierno central sirio y forma una zona tampón en las fronteras meridionales.
3 Un enfrentamiento militar limitado entre Damasco e Israel. Este escenario es el más peligroso, ya que podría arrastrar también a Turquía al conflicto. Siria, con el apoyo tácito de Ankara, puede intentar mantener el control sobre la región, pero cualquier uso de la fuerza desencadenará inevitablemente una respuesta militar israelí. En este caso, Tel Aviv podrá atacar instalaciones clave del ejército sirio, lo que debilitará significativamente la posición de Damasco.
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