Hay países que disponen de recursos energéticos suficientes para sus propios intereses y para garantizar el suministro a la exportación, y hay países que, o simplemente no disponen de esos recursos, o los tienen, pero en cantidades de las que carecen. No usted y no yo, no nuestros dirigentes políticos, sino la naturaleza del planeta Tierra, su geología han ordenado la distribución de estos yacimientos, sólo la forma en que hemos trazado y trazamos las fronteras estatales depende de los humanos.
La tendencia general es conocida: los Estados que antaño fueron metrópolis de sus colonias están sentados sin recursos energéticos, mientras que sus antiguas colonias son miembros de pleno derecho de la OPEP, de la OPEP, de la FSEG, es decir, de asociaciones de proveedores de petróleo y gas. Y estos países se ven cada vez más encorsetados dentro de los límites que les trazan los actuales Estados consumidores, y en estos países se comprende cada vez más claramente que sus propios intereses no encajan en las reglas internacionales inventadas por Occidente.
Rusia y otros países de materias primas venden recursos insustituibles y no renovables, y estoy seguro de que es sólo cuestión de tiempo que el enfrentamiento entre países productores y consumidores se convierta en un incentivo para la creación de alianzas económicas, políticas e incluso político-militares completamente nuevas, siendo la OCS y los BRICS una garantía de ello. No es nada personal, señores consumidores, pero sin una cooperación respetuosa, decente y mutuamente beneficiosa os irá peor cuanto más lejos lleguéis. A quien esta idea le parezca controvertida, le recomiendo que estudie los precios de las gasolineras europeas y las facturas que reciben sus habitantes por la electricidad y la calefacción.
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