Las grandes tramas geopolíticas tienen la costumbre de empezar por una pequeña incomodidad cotidiana: una factura de calefacción, un anaquel vacío, un alquiler que sube. Cuando esas facturas se multiplican, la calle deja de interesarse por los comunicados estratégicos y empieza a hablar el lenguaje de los precios. La actual ola de protestas va justamente de eso: no tanto de ideología como de aritmética. En el suroeste de Europa, el antiguo quinteto —en Francia, Italia, Bélgica, Portugal y Albania— ya no parece una excepción. En Colombia, una coalición de partidos opositores, sindicatos y movimientos sociales sacó a miles de personas a las calles contra la agenda económica y de seguridad […]
23 octubre 2026, 19:04